La Bruja de Texcoco

Fusión musical y de género

Fotografía: Lulú Urdapilleta
La Bruja de Texcoco explora la fusión entre ritmos que van de lo prehispánico a lo novohispano y lo tradicional. El domingo se presenta en Casa del Lago

Hace siete años, La Bruja se manifestó por primera vez en la vida de O, un músico de formación clásica. Sucedió durante un ritual a la Santa Muerte. Él había ido a Texcoco en compañía de un par de amigos concheros para interpretar canciones mexicanas. En este tipo de ceremonias, dedicadas a algún santo, la concha de armadillo deja de ser un caparazón y se convierte en el instrumento musical que marca el ritmo de la ofrenda.

Después de que O se presentara, el curandero del grupo le dijo: “Tú eres una de mis brujas, te estaba esperando”, y conforme avanzó la noche, sus palabras se revelaron. Mientras los invitados agradecían la comida y el contacto con lo sagrado, una mujer empezó a convulsionarse.

En ese momento, alguien roció agua bendita, una persona trajo botellas de mezcal y otra más forjó un gran cigarro de marihuana. Pero nadie sabía con exactitud cómo calmar la tensión del ambiente.

Entonces, el curandero le pidió a O que hiciera algo, y lo único en lo que él pudo pensar fue en agarrar su violín y tocar las primeras notas de “El pescador”, canción católica muy conocida, sin imaginar que tras esto la mujer volviera en sí. Los invitados cantaron y el humo del copal se expandió por el cuarto antes de que el curandero y O salieran de la casa y se introdujeran en las inmediaciones de una barranca: “Preséntate como lo que eres, una bruja, La Bruja de Texcoco, y dile a lo que atacó a la chica que no es bienvenido aquí”.

“Tomo a la bruja como una imagen femenina que fue castigada”, cuenta O. “Las brujas murieron por poseer cierto conocimiento; ahora, las mujeres son juzgadas por la misma razón. En la tradición mexicana, la feminidad es causa de la desgracia de los hombres, aunque su poder es respetado. Lo mismo sucede con el canto de la sirena o la cihuatatayota, una mujer que se convierte en caballo”.

Esa noche, La Bruja nació como una leyenda, un nuevo nombre que le ayudó a entender de manera consciente su lado femenino. Tres años pasaron para que se transformara y decidiera concretar un proyecto de fusión mexicana: música novohispana y expresiones tradicionales podían coincidir con lo prehispánico bajo la batuta de La Bruja. Cuando O se travistió, cuando utilizó una falda, una blusa, unos tacones y una flor en el cabello, esa otra identidad terminó de ser encarnada.

“Yo disfruto mi cuerpo, y por ahora no lo intervengo. Cuando soy La Bruja salgo de mí. Ella tiene decisiones y hace lo que yo no podría, se apodera de mi corporalidad y la lleva a un proceso en el que lo femenino es distinto. Además, explora la estética mexicana, por lo que usa un traje muxe, maringuía, huipiles y demás”, continúa.

De forma paralela, O habla de las expresiones de rechazo hacia lo femenino y la misoginia al interior de la comunidad LGBT+: “En el medio gay, hay mucha transfobia. Alguien puede ser gay y no dejar de ser machista; al mismo tiempo, existen mujeres machistas. Nuestra cultura es machista. Por lo común, las personas aceptan masculinidades y no feminidades. Los chicos trans son menos visibles que las chicas, y quizá esto se debe al temor a ser juzgado. A veces, quienes juzgan desean travestirse, lo cual no se relaciona necesariamente con la orientación sexual. Conozco a hombres casados y padres de familia a quienes les gusta travestirse. Es una necesidad de conectar con lo femenino, una necesidad que les cuesta trabajo digerir. Yo procuro no criticar a nadie, cada quien tiene un proceso de vida y aprendizaje, no voy a juzgar a una persona por una postura cuando sus vivencias han sido distintas a las mías”.

El mensaje de La Bruja, sin embargo, no está delimitado a la apariencia. Una de sus piezas, “Suite aquelarre”, primer sencillo de un disco que pronto lanzará, mezcla la folía con los ritmos precolombinos que O aprendió de Luis Pérez Ixoneztli, artista contemporáneo de Jorge Reyes; ambas exploraciones fueron perseguidas por la Inquisición, como ha declarado el músico Horacio Franco: “Las folías eran bailadas en Canarias por hombres vestidos de mujer, mientras que aquí dicha práctica estaba prohibida bajo pena de muerte”.

Al respecto, O subraya la antigua prohibición hacia la música que llegó desde España: el son del Chuchumbé y el son jarocho, por ejemplo. “Quiero partir del origen, que es la folía, y llevarlo a un espacio más amplio. Me interesa la transculturación de la música: en este caso, la de la época barroca porque fue el momento en que los españoles llegaron a nuestro país y se dio la fusión cultural”.

Una lista profusa de sus intereses iría de instrumentos, estilos y artistas como Jordi Savall, a la viola da gamba, el son huasteco, los ritmos del Occidente de México y la música del ya mencionado Pérez Ixoneztli.

Muy pronto, La Bruja publicará un EP independiente, una edición física de tiraje pequeño que podrá adquirirse a través de sus redes sociales (Facebook: La BRUJA De Texcoco/ Instagram: labrujadetexcoco).

Hoy se están grabando dos documentales sobre La Bruja, que serán proyectados durante los próximos meses en algunos festivales: uno está dirigido por Cecilia Villaverde y Alejandro Paredes; otro, por Gabriela Nápoles.

Y el próximo domingo 2 de diciembre se presentará en Casa del Lago como parte de Epílogo 2018, serie de conciertos de música experimental organizados por Elnicho.